top of page
  • Foto del escritorPablo Petruccelli

Lo esencial II


Ya estoy en casa con mi Ferrum modelo Atuel (una nave), con su correspondiente mochila dentro de su embalaje de protección, llegó el momento de hacer el casting del/ los expertos que tendrán la misión de instalar y configurar el mismo en mi cuarto de baño.

Luego de un arduo scouting que incluyó lectura de curriculums, repaso de experiencias, exámenes de nivel y por ultimo un psico-técnico, seleccioné un misionero que reunía las condiciones adecuadas para la misión, el nativo del noreste argentino era el indicado, gran orador, me convenció de que nadie mejor que él, y su equipo, eran los únicos preparados para esta tarea que combina fuerza, precisión, conocimiento y nervios de acero.

- Si se te mueve el artefacto antes que se asiente la masilla, estamos jodidos- dijo con firmeza y apelando al pánico.

No me dejó opción, le di el trabajo, comprendí que era un experto y que no podía dejar esta tarea en manos de principiantes.

Por fin llegó el día, se apersonaron 40 minutos luego de lo acordado, yo estaba impaciente y, porque no, un tanto enojado, pero a esta gente no se le puede hacer reproches, son profesionales, como una especie de cuerpo de elite en extinción, lo mejor es no irritarlos.

Preguntaron si tenía agua caliente, consulte si era necesaria para el procedimiento que estaban por comenzar.

- Para el mate. Respondieron sin mirarme

Calenté el agua, se la cargué en un termo y me dispuse a esperar a que comiencen la tarea.

Comenzaron retirando el artefacto existente. Primero cortaron el agua de acceso al deposito mostrando un conocimiento superior en la tarea, desconectaron el flexible con precisión suiza, solicité permiso para filmar el procedimiento pero se negaron categóricamente (no me anime a preguntar porque). Sacaron los tornillos que anclaban el artefacto al suelo y con un tirón levantaron inodoro y mochila en forma conjunta. Al levantar el artefacto quedó al descubierto una marca de masilla seca la despegaron con la ayuda de una espatula y viruta de metal. Desinfectaron el área y procedieron a colocar el Ferrum como quien deposita el riñón trasplantado en su cavidad. Asentaron la masilla previamente colocada en la base de artefacto, ajustaron los tornillos de anclaje (no muy ajustado, solo lo justo). Procedieron a conectar el flexible previa colocación de 14 vueltas (ni una mas, ni una menos) de cinta de teflón en las roscas.


En este momento percibí una cierta tensión en el aire, noté que los técnicos se miraron, era uno de los momentos críticos de la intervención. El misionero miró a quien claramente era su ayudante y con un gesto claro le ordenó que abriera la llave de agua, ambos transpiraban, reconozco que me contagiaron su ansiedad, y rápidamente comenzó a escucharse como el agua iba llenando la mochila. Los ojos del Titan de la Hidráulica fijos en las roscas, a la espera del mínimo indicio de perdida, de una gota que empañe su labor… Y no, la gota no apareció (creo que el estaba tranquilo y lo hizo para darle dramatismo al momento). Aun faltaba una prueba, la prueba de fuego, apretar el botón y liberar todo el contenido del deposito a través del artefacto nuevo.


No pude evitar pensar el hecho de que estaba ante un acontecimiento único e irrepetible cercanos a presenciar el milagro de la vida. Esta iba a ser la primera vez en la que circulara el fluido elemento a través de los circuitos del water, emocionante si, angustiante, también.


El misionero, consciente del momento me pidió hacer los honores, me acerque al artefacto, esperaba estar a la altura de las circunstancias, y presioné el botón (con firmeza, no era un momento para dudar), en ese instante se activó un mecanismo que liberó el agua desde el deposito y por todos los orificios del inodoro comenzó a deslizarse el liquido. Fue hermoso. Coleccionaré ese momento como otros tantos que embellecieron mi vida.


El misionero, respetuoso del momento, miraba para otro lado, esperó a que me recomponga y, mientras me secaba una lagrima con el dorso de mi muñeca, me dice -son dos lucas, jefe. Cuando le pagaba me dejó valiosas recomendaciones como ser

*No utilizar por 4 horas para que se seque la masilla

*No le apriete muy fuerte al botón, los de ahora son de plástico y no duran mucho

*No deje caer la tapa de muy alto, acompañela con la mano.


Lo despedí con un saludo de manos, quise abrazarlo pero no sabia como podía tomarlo. Por ultimo lo vi alejarse en su Kango blanca.

Entradas Recientes

Ver todo

UBUNTU

Comentarios


bottom of page