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  • Foto del escritorPablo Petruccelli

El Hombre que detuvo al desierto.



En Burkina Faso la desertización avanzó como una sombra siniestra. El hambre y la muerte devastaron esa región africana en la década del 70. Intentar sembrar allí era una batalla perdida y los agricultores huían para continuar con vida.

Hubo un hombre al que todos estigmatizaron como loco. Con una zapa golpeaba una y otra vez la tierra seca, dura y estéril.

Yacouba Sawadogo era agricultor y tenía una esperanza: luchar contra el desierto. Transformar esa tierra inútil para poder sembrar.

¿Pero cómo lo haría, con algo más que su voluntad?

Su sueño se basó en probar una antigua técnica llamada Zai. Consistió en cavar hoyos de 20 cm y rellenarlos con compost y estiércol, para depositar allí las semillas. Así, logró atraer a las termitas que construyeron sus túneles y éstos pudieran ser usados como canales subterráneos. Con las primeras lluvias, la humedad se conservó y el rendimiento de las tierras llegó a multiplicarse por cuatro. Con el paso de los años comenzó a experimentar con la plantación de árboles para que contribuyeran a mantener la humedad del suelo y favorecer la infiltración natural del agua.


Además de hacer el trabajo, el principal desafío fue convencer a otros agricultores para que aceptaran probaran ese método de cultivo ancestral olvidado. Para ello, recorrió en motocicleta miles de kilómetros a través del desierto, dando testimonio una y otra vez ante la apatía y la incredulidad.

¿Cuál fue el resultado de su obstinación?

Más de 3 millones de hectáreas recuperadas desde Burkina Faso a 8 países de la región del Sahel.

¡Le llevó 40 años!

Este agricultor transformado en héroe una vez dijo: “Me gustaría que la gente tuviera el valor de crecer a partir de sus raíces”.


Todo hombre tiene ante sí un problema, al que todos consideran inexorable. Ese desafío puede ser tan grande que lo consuela la resignación.

Sin embargo, una dosis de locura unida a una idea, sostenida con persistencia, es capaz de librar esa batalla otrora perdida. Ese es el combate que presentan los transgresores, los locos que viven sus convicciones con determinación. Cuando la contienda finaliza, son considerados héroes. Ya no les importa el tamaño de la resistencia ni el tiempo transcurrido. Esos seres especiales han podido vibrar con sus sueños durante toda la travesía.

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